Introducción Noa

sábado, 28 de septiembre de 2013
Noa tenía pocos amigos pero estaba más que convencida de que los que tenía eran los mejores del mundo. No eran los más comunes, esos que se tienen desde la infancia, pero eso no importaba dado que en el poco tiempo que llevaban juntos se habían vuelto más cercanos de lo que jamas podria ser nadie.



La primera de ellas era Dara, una amiga que completaba seguramente todo cuanto a ella le faltaba, sumándose esto a la gran cantidad de cosas que ambas tenían en común.Uno de esas cosas era el motivo por el que muchos las consideraban extrañas (en ocasiones incluso locas) era el amor que tenían por Corea del Sur.



Muchas chicas empiezan a encariñarse de este mundo, sobre todo hoy en dia, a traves del K-Pop. Pero en esta época los grupos de la ola hallyu no eran aún demasiado conocidos en los países europeos y, aunque su amiga si conocia algun que otro grupo, ella no estaba demasiado relacionada con este mundo.



Sin embargo a Noa le encantaban los doramas, y dado que era perfectamente capaz de  encontrarlos en internet y verlos con subtítulos en castellano o incluso en ingles, invierta más tiempo de su vida dedicada a esto que a las series occidentales que pudieran dar en la televisión. Con el tiempo y gracias a sus estudios en la Escuela de Idiomas, incluso pudo verles casi completamente en coreano.



Fue precisamente con estos estudios como Noa conoció a su segundo mejor amigo.



Los profesores le habían dicho en muchas ocasiones que la mejor forma de aprender un idioma era practicandolo con un nativo del país y era por ello que la joven había terminado encontrado una de esas páginas web donde se te permite hablar con gente de otros países siempre y cuando tú seas también capaz de enseñarle a esa persona a hablar español.



Todo comenzó con conversaciones normales. El era un chico de una ciudad al Sur de Seul, aproximadamente a unos 320 km de distancia, pero dado que el lugar estaba bien comunicado tanto por autobuses, trenes y aviones el solía ir bastante a la capital de la República.  Se trataba de un chico realmente amable, aunque si ambos terminaron llevándose tan bien fue sobre todo porque tenían en cierto sentido el mismo grado de locura.



Sin embargo ella sabia mas bien poco de él, apenas que tenía un hermano menor, que su pueblo era grande (había visto tantas fotos de el que creía conocerle de arriba abajo sin haber estado allí) que le gustaba el kpop al igual que su amiga, y otros tantos gustos.También su foto, resultandole bastante guapo… pero nada más. A Noa no le preocupaba demasiado realmente pues sabía que en Corea el abrirse hacia el exterior, y sobre todo con una persona que solo conoces de internet, era mucho más delicado que en España.





Era lógico pensar que después de que ambas tuvieran tantas conexiones con el país terminaran en el mismo. Después de los dos últimos años de bachiller, y ya habiendo acabado los cursos que podían hacer de coreano en la escuela de idiomas, ambas recibieron una beca para proseguir sus estudios, basados sobre todo en las civilizaciones orientales, en la misma Facultad de Historia de Seul. Desde luego era una grandísima oportunidad que conllevaba una gran responsabilidad consigo,y fue por eso que ellas planearon ir un tiempo antes desde el comienzo de curso para asistir a unas clases intensivas de coreano y conocer mejor aquel lugar.



Por suerte Luffy (asi llamaba ella a su querido amigo de internet dado que le recordaba a un personaje de un manga que a ambos les encantaba) había conseguido buscarles un piso a ambas, no demasiado grande, pero más que suficiente para lo que ellas querían hacer. El plan sería salir dentro de dos días y encontrarse con el chico en el aeropuerto, siendo el quien les ayudara a moverse en los primeros momentos en aquella gran ciudad.



La joven dejó una de las camisas que estaba doblando sobre la maleta y dejó escapar un larguísimo suspiro. Estaba nerviosa, muy nerviosa, pero al mismo tiempo realmente emocionada dado que el sueño de su vida estaba a punto de cumplirse y lo mejor de todo aquello era que lo compartiría con una de las personas que más quería en el mundo.



La mirada terminó posándose directamente en el espejo que tenía colgado frente a ella en la pared el cual era lo suficientemente grande como para que todo su cuerpo se pudiera reflejar en el.  Noa era una persona bastante pequeña en altura, y menuda en la constitución. Contaba con un rostro que muchas personas calificaban de adorable, redondeado, de labios carnosos y nariz chata. Los ojos eran de color claro, aunque variaba ligeramente la tonalidad del mismo dependiendo de la época del año en la que se encontraran. En cuanto al cabello era seguramente la parte que más cambiaba de ella pues solía cambiar el corte del mismo a menudo, pero sobre todo el color del mismo que en ese momento era de un color castaño tirando hacía el rubio cuando le daba el sol.

Su madre solía decirle que sería realmente guapa si se cuidara más el estilo de vestir, y eso era lo que peor llevaba ella. Nunca le había gustado ir de compras (al menos a las tiendas convencionales) y su conjunto preferido se formaba de unos pantalones cómodos,sobre todo vaqueros, y alguna camiseta de estilo informal en la parte superior, a menudo con cazadoras de cuero. Solía calzar playeras o botas, y también adornar su cabeza con sombreros de distintos aspectos. Pero en cuanto a los vestidos y otras cosas más informales era extremadamente difícil verla con uno de ellos y podría incluso llegarse a enfadar si alguien trataba de que usara uno.



Tampoco gustaba demasiado de usar maquillaje. En algunas ocasiones si se dejaba la sombra de los ojos, se ponía un poco de rimel o de brillo de labios, pero nada más. Le gustaba ir natural y cómoda, y por lo que a ella se refería cualquiera a quien no le gustara eso se podía ir directamente a la porra. De hecho las únicas bromas al respecto que permitía eran las de su madre que solía compararlas con aquellas protagonistas de doramas coreanos que parecían no tener demasiado gusto al combinar la ropa. Pero según ella sabía allí todo aquello (al menos entre la gente como ella) no importaba demasiado, asi que con suerte en ese aspecto se sentiría más libre allí que en su propio pais.



-Bueno… Ya está todo -dijo extendiendo unos segundos los brazos antes de posar estos mismos directamente en su cintura, chasqueando la lengua y después sacando esta a la imagen reflejada en el espejo.



Sobre la mesa a un lado descansaban los billetes del avión que saldría desde Barcelona al aeropuerto internacional de Incheon, haciendo escala tan sólo en países árabes. Sería un viaje realmente largo y terminarían muy cansadas, pero seguramente fueran sentimientos que desaparecerían cuando pisaran tierra.



De pronto sus ojos se posaron en algo que de pronto parecía muy importante a juzgar por la expresión que se formó en el rostro de ella.



-Lee Min Ho Oppa! -exclamó mientras atravesaba la habitación en dirección a un poster que había colgado en la puerta de la habitación, bastante grande- ¿Es que piensas quedarte aquí?



Nuevamente chasqueó la lengua mientras que con mucho cuidado intentaba quitar este de la misma sin que sufriera ningún accidente. A ese poster le tenía especial cariño y no solo porque se tratara de uno de sus actores predilectos (aunque hubiera salido en pocas series por el momento) sino porque era la primera cosa que había traído directamente desde Corea. Podía decirse que en cierto aspecto esa persona había sido el comienzo de todo. Como le habían dicho en una ocasión… entrabas a ese mundo de mano de un chico guapo y cuando te dabas cuenta ya no podías escapar.



Introducción de Dara

Dara siempre había sido una persona aparentemente tranquila aunque como solía decirle su abuelo: las preocupaciones iban por dentro. En su caso era así. Los nervios se habían ido a meterse en su estómago y no había forma de que pudiera sacarlos. Y mira que había intentado maneras diferentes para conseguirlo. La tila era algo que no la hacía nada y el ejercicio físico sólo la había dejado agotada, pero nada más.Sus uñas habían sido las que habían terminado sufriendo las consecuencias, para no variar. Pocas veces conseguía que estuvieran largas.

Y allí estaba esa sonrisa que aparecía cuando se ponía nerviosa, una sonrisa que no alcanzaba para nada a sus ojos claros. Se revolvió el pelo con frustración mientras caminaba en dirección al pequeño piso que compartía con Noa. No se hubiera imaginado, cuando la había conocido, que terminaría viviendo con ella y mucho menos que se marcharía en un sueño como el que estaban comenzando a vivir.

Las dos sentían algo por Corea, quizá por motivos diferentes. En su caso se había ido adentrando por la música, esa compañera que la había ido acompañando en todos los momentos de su vida. Como no podía ser de otra manera, se había cruzado con ella de casualidad. Una canción, que te llevaba a otra y a otra más, a un grupo y a otro grupo. Había estado en “contacto” con el mundo oriental mediante mangas y anime, pero no se había concentrado nunca, demasiado, en Japón.

Corea había sido un amor a primera vista. Pronto se interesó por la historia, por la cultura y por el idioma. En su cabeza y en su corazón siempre había estado el dicho de que un país se conocía precisamente por su idioma, puesto que era la llave para poder conectarse mejor con su esencia. Había comenzado a estudiarlo como podía, hasta que entre unas cosas y otras había terminado conociendo a Noa y ambas habían terminado yendo a estudiar a la Escuela Oficial de Idiomas. Eso solo había sido el comienzo, claro.

Ahora estaban a unas horas de coger un avión para dar el salto. Un año de beca de estudios en Seúl. A cualquiera que se lo hubieran dicho hubieran pensado que era una locura y sin embargo allí estaban. Su familia se había puesto en cierta manera en contra: era irse al otro lado del mundo y siempre había estado bastante sobreprotegida. Si ya el haber terminado en Barcelona para estudiar había sido un palo para ellos, irse a otro país, y a un país tan distinto, era algo que no terminaban de entender.

Tendrían que estar acostumbrados. Desde bien pequeña había sentido un tirón por todo el tema de las culturas orientales. Practicaba Aikido y Taekwondo desde que era una enana, había tonteado con el yoga y finalmente se había decantado por el Tai-Chi para esos momentos en los que necesitaba tranquilizarse. Mientras que a otras chicas les apasionaba pasarse horas y horas en el gimnasio, ella prefería hacerlo en el dojo o en la piscina.

Se acomodó la bolsa que llevaba al hombro y suspiró. Había sido bastante extraña la despedida. Sabía que en cuanto llegara a Seúl tendría que buscarse un dojo para seguir practicando. Era una promesa que había hecho a su maestro, le había presionado con ello. Sonrió ligeramente al recordar las palabras del hombre: “Porque estés lejos, no creas que no sabré lo que estás haciendo. Nada de tontear con chicos y perder el tiempo, tienes mucho que hacer todavía.”

Y eso que no le había dado nunca por ponerse a competir, más que lo justo y necesario. Había estado en alguna competición y exhibición, pero poco más. A ella le gustaba aquello porque le hacía concentrarse, le tenía en forma y enfocada en algo. Era toda una filosofía de vida y en cierta manera era por la que había guiado toda su vida.

El problema era que ni con toda esa fuerza de voluntad podía dejar de estar nerviosa. En el reproductor comenzó a sonar “Winds of Change” de Scorpions y una media sonrisa apareció de forma automática en sus labios. Se frotó ligeramente los brazos y siguió caminando. Al pasar por una cafetería entró para pedir dos cafés para llevar. Igual hubiera sido mejor pedir dos tilas, pero sabía perfectamente que esa noche no iban a pegar ojos, con tila o sin ella.

Silvando la melodía con la mirada al frente, la bolsa al hombro y dos cafés en sendas manos, pensó en todo el cambio que se venía encima. Pensó en el tal “Luffy” que era amigo de Noa y que se había encargado de buscarles un lugar dónde quedarse. Pensó en el curso intensivo que les tocaría hacer en el momento en el que llegaran a Seúl. También pensó en los lugares que le gustaría visitar y en las cosas que le gustaría hacer.

A veces se daba cuenta de que aquello era solo montarse castillos en el aire, pero al mismo tiempo… era mucho más real. Hacía unos meses solo era un “Te imaginas sí…” ahora era un claro “Cuando estemos allí tenemos que…”. Era un cambio sustancial en la forma de decirlo y las palabras tenían poder, estaba convencida de ello. Una sonrisa apareció en sus labios, manteniendo ese silvido en los labios mientras subía las escaleras que le llevaban hasta la que había sido su casa desde hacía un par de años, cuando Noa y ella habían decidido que era mejor estar en una casa juntas.

A pesar de la apariencia exterior del edificio y de esas escaleras de madera que crujían a cada paso que daba mientras subía, lo cierto es que era un piso que para dos chicas jóvenes era perfecto. Había sido renovado justo un par de meses antes de que ellas entraran, por lo que estaba nuevo y tenían todo lo que podían necesitar.

La llave entró en la cerradura y sonrió por un momento, al escuchar a través de los cascos a los que había bajado el volumen, el crujido que avisaba que alguien llegaba. Había sido una buena “alarma” y le había cogido cariño. Recordaba cómo al principio le había resultado molesto, pero ya se había acostumbrado. ¿Cómo sería el lugar que les había encontrado el amigo de Noa? Sentía curiosidad. Igual que su amiga había pasado bastantes horas delante de la televisión del salón donde solían ponerse los dramas que se bajaban para verlos con más comodidad.

Se acercó primero hasta la cocina para dejar los dos vasos del café y después se desvió hasta su habitación para dejar la bolsa de deporte. Estaba prácticamente vacía ya. Una especie de nostalgia la golpeó y negó para sí. No podía ser de esa manera, no podía aferrarse demasiado al pasado cuando tenía un futuro ahí, delante de ella, que tenía pinta de ser prometedor y lleno de aventuras.

Tras mover ligeramente los hombros como si de esa manera pudiera quitarse cualquier tipo de presión, salió de la habitación para dirigirse hacia la cocina rescatando las dos tazas de café y dirigiéndose después hacia la habitación de Noa.

—¡Voy a entrar! ¡Así que deja de magrearte con Lee Min Ho! No quiero encontraros en una situación indebida. — bromeó, había escuchado la exclamación de su amiga. Se acercó a la puerta para abrirla y asomarse al interior, llevando por delante la taza de café. — Creí que te vendría bien.

Solo a Dara se le podría haber ocurrido que un café en aquellas circunstancias era lo más acertado. Más nervios debido a la cafeína no sería una buena solución para nadie y sin embargo sabía que Noa lo recibiría con una sonrisa. A veces creía que tenían una especie de sexto sentido que les permitía comunicarse sin palabras: un gesto, una sonrisa, una mirada servía para decirse absolutamente todo lo que necesitaban. Suponía que eso era lo que hacían las buenas amigas, ¿no?

Ella no había tenido buenas amigas hasta dar con Noa, siempre se había llevado mejor con los chicos, quizá porque durante toda su vida había estado rodeada por ellos: desde el barrio donde se había criado, hasta los dojos donde había estado. Incluso en el colegio y en el instituto había conectado mejor con ellos. Muchas veces creía que era porque la reconocían como una igual, con todas las consecuencias tanto positivas como negativas que eso tenía.



 

Super Story FanFic Copyright © 2011-2012 | Powered by Blogger