Capítulo 1: Llegada a Incheon y lanzamiento de refresco

El aeropuerto de Incheon era realmente grande, como correspondía a una ciudad tan grande e importante como era Seul. Sin embargo el tener que atravesarlo por completo era una de las cosas que más preocupaban a Noa a quien siempre le había dado especial miedo enfrentarse a ese tipo de cosas que la vida colocaba frente a ella.



El viaje, tal y como habían previsto, había sido especialmente largo y tedioso, sobre todo porque habían optado por tomar el vuelo más barato que hacía una escala en las hermosas tierras árabes de las que no obstante no habían podido disfrutar nada. Además, al ser billete barato, los asientos estaban especialmente pegados entre sí y ellas apenas si podían estirar lo suficiente las piernas. “Síndrome de la clase turista” lo llamaban, pero lo cierto es que para cuando pudieron salir finalmente el humor de Noa estaba de perros, lo cual mezclado a los nervios que se incrementaban cada vez más, no ayudaba en lo más mínimo.



Enseguida pudieron notar que el clima de Corea del Sur era completamente diferente al que habían podido experimentar en Barcelona, y también muy diferente al de su Santander natal. En la época de verano en la que habían llegado las temperaturas eran realmente altas y por lo que había averiguado seguirían así hasta que llegara el otoño. El invierno por otra parte solía ser bastante crudo, lo que llevó a la joven a preguntarse si realmente podría acostumbrarse a todo eso.



-¿Te he dicho alguna vez que estamos locas? -Preguntó a su amiga, quien caminaba a su lado, con una sonrisa en el rostro que tan solo ella, que tan bien la conocía, podría calificar como nerviosa.



Por suerte no traían demasiado equipaje. Habían sido previsoras y, sabiendo las dificultades de transporte que tendrían que sobrellevar y que facturar maletas era mucho más caro que un envío, habían optado por esta última opción dejando que sus pertenencias llegaran dos días después a ellas mismas en unas cajas enormes que habían preparado mucho antes de salir. En esos días con lo que les cabía en la maleta pequeña de equipaje de mano tendrían más que suficiente.



Lo primero que hizo Noa en cuanto le fue posible fue encender el teléfono. No es que se tratara de una persona afín a las nuevas tecnologías (más bien al contrario, era normal no conseguir contactar con ella por teléfono en varios días) pero era de vital importancia contactar con Luffy, quien había quedado en mandarles un kakaotalk cuando llegaran para que pudieran saber donde había aparcado e ir juntas hasta el centro de la ciudad y enseñarles donde estaba el piso que habían alquilado



Sin embargo la vocecilla de mujer que anunciaba la llegada de un nuevo mensaje no hizo más que empeorar el mal humor y nerviosismo de ella.



-Mier… -Exclamó en un tono de voz bastante alto que hizo que la gente que tenía a su alrededor la mirara de un forma extraña, con lo que al completar la frase se obligó a controlarse un poco más- Dice que no puede venir, que le ha surgido algo pero que mandará a alguien para que se ocupe de nosotros. Genial…. ¿Y como vamos a reconocerle?¿Y el a nosotros? Esto esta lleno de gente y…. -entonces bajó la voz hasta que se convirtió prácticamente en un susurro- por muchos doramas que haya visto, ahora mismo me parecen todos iguales.



Ella tenía el ceño fruncido, un gesto que siempre hacía cuando estaba enfadada, pero además de eso se mordía el labio inferior con un nerviosismo cada vez más patente. Con un gesto de la mano llamó a su amiga para que esta se acercara y comenzaran a caminar juntas hacia la salida del aeropuerto.



El exterior de aquel edificio era prácticamente igual de grande que la parte interior, con lo cual, cuando ambas llegaron alli y se dieron cuenta de la gran cantidad de coches que había aparcados (incluidos unos taxis que se parecían muchísimo a los de su ciudad natal,Santander) la desesperación se hizo aún más patente en su rostro. Cuando Noa parecía a punto de comenzar a rezongar de nuevo, un mensaje más llegó a su Kakaotalk que rezaba lo siguiente: “Parking, matrícula XXXXX”



Si hubiera sido una serie de dibujos animados estoy segura de que en ese momento todo lo que se había escuchado alrededor de ellas serían grillos.



-¿Y como pretende sea quien sea el estúpido que ha venido a buscarnos que encontremos esa matrícula entre todos los coches hay aparcados?



Porque, como aeropuerto grande de una de las ciudades más grandes del mundo, no tenía nada que envidiar a los más concurridos de los centros comerciales españoles, esos en los que si te descuidas por un momento pierdes tu coche, y como sigas descuidado, acabas perdido del mismo modo que se perdían los ladrones de tumbas en las pirámides del antiguo Egipto.



-Supongo que no nos queda más remedio que buscar uno a uno, pero si tenemos que buscar un coche lo más lógico sería que nos dieran más señas de como es este… Y además, mucho dicen de la buena educación de los coreanos, pero cualquier persona en su sano juicio nos habría ido a buscar a la entrada -Noa había soltado todo esto de carrerilla, así que para continuar hablando se vio obligada a tomar aire durante unos segundos- Eso sí, como esto sea una broma de Luffy, te juro que le arreo con la maleta en la cabeza.



—Si esto es una cosa de Luffy, Noa, incluso yo voy a darle con algo en la cabeza. —respondió Dara, mientras miraba a su alrededor. El gesto de desesperación estaba presente en su cara. —¿No hubiera sido más fácil haber cogido un taxi? Es más, voto porque si en un cuarto de hora no los encontramos, les enviemos un mensaje pidiendo la dirección del piso y diciéndoles que los encontramos allí.



Dara era así. A veces demasiado directa. A veces con demasiada poca paciencia. En general se controlaba, pero en esos momentos se encontraba agotada. Y lo único que se cruzaba por su mente era una cosa: una ducha larga, una habitación tranquila, horas de sueño. Y no solo eso: el puñetero sol les daba en plena cabeza haciendo que entrecerrara los ojos claros molesta por la luminosidad. No llevaba muy bien eso de las luces demasiado intensas.



Soltando un suspiro, Dara dio un toque en el brazo a Noa para seguir andando. Ahora comenzaba a entender perfectamente el dicho ese de buscar una aguja en un pajar. ¿Cuántos coches podría haber ahí dentro? Cargando con los bolsos y las mochilas, con la maleta de ruedas, ambas siguieron buscando la matrícula que se habían aprendido de memoria. Dara había estado los primeros minutos preguntando cuál era.



—Ya pueden recompensarnos esto con algo… un helado, un granizado…



Cualquier cosa serviría. Y el problema es que Dara estaba jodidamente convencida de que el tío que hubiera ido a recogerlas iba a estar refunfuñando porque estuvieran tardado. Esa era la mecánica de la mente humana, y de los tíos de todas partes en general. No, no era feminista, pero había convivido lo suficiente entre hombres como para saber que encima les echarían la culpa a ellos… al menos así eran por regla general. Si los coreanos eran una excepción a esta regla, iba a estar gratamente sorprendida.



Decidieron separarse, aunque no muy lejos la una de la otra, para abarcar un poco más de terreno. En la cabeza de la morena de pelo corto comenzaban a formarse ideas varias y diversas de cómo les daba la noche allí, rebuscando, sin encontrar nada, muertas de cansancio y sueño. No, ni de coña. Aquello, desde luego, no era lo que había tenido en mente para sus primeros minutos en territorio coreano.



En su cabeza se iba repitiendo el número de la matrícula como si fuera un mantra. Ya había visto tantas matrículas en ese rato que estaba segura de que podría hacer un estudio en profundidad sobre las características generales de las matrículas coreanas. Seguro que se convertía hasta en famosa. Se mordisqueó el labio y entonces, cuando giró ligeramente la mirada hacia un lado parpadeó un par de momento porque…



—¡Noa! ¡lo encontré! —se giró para mirar a su amiga, que estaba un poco más allá. —¡Está aquí!.



La expresión de alegría de Dara no hubiera sido mayor si hubiera encontrado agua en el desierto.






Noa había estado completamente de acuerdo con su amiga en cuanto a separarse de trataba, pero al mismo tiempo y con su pánico social no dejaba de rondar la idea de que fuera ella misma la que se perdiera allí. Con el calor que hacía la cazadora de cuero que había optado por ponerse se había transformado en algo así como una sauna, pero prefería eso antes que quedar achicharrada como un cangrejo (sobre todo porque no estaba segura de saber pedir luego una crema solar en la farmacia).



Su cabeza en realidad compartía dos pensamientos en ese momento: el primero, el dichoso numerito de la matrícula que empezaba a ser más cansino que los números de la lotería cantados por los niños de San Ildefonso, el segundo… las posibles venganzas por todo lo que estaba sufriendo nada más llegar al país.



Y de pronto, cuando escuchó a su amiga, se sintió como debieron sentirse los hermanos Pinzones esos que acompañaron a Colón a explorar un camino a las indias y encontraron América. Comenzó a correr hacia ella tan rápido que la maleta, en vez de deslizarse por el suelo con sus ruedas, parecía volar pasando peligrosamente cerca de los coches (que por cierto eran bastante caros).



-¿Dónde dónde dónde dónde? -Preguntó casi sin aliento cuando llegó hasta donde se encontraba ella. Posó las manos en sus rodillas intentando tomar aliento mientras buscaba a su alrededor.

—¡Allí! —exclamó Dara mientras señalaba un coche con los espejos tintados y de tono oscuro que estaba unos metros más allá. —Vamos, y espero que nos hayan dado bien la matrícula porque NO pienso volver a dar vueltas por aquí de nuevo. —frunció los labios por un instante. —Y que esté dentro, que con la suerte que tenemos fijo que se ha ido a tomar un “veteassaber qué” que se tomen por aquí cuando están esperando.



Fue Noa la primera que se aproximo hasta donde se encontraba el coche. Cerrando el puño con este la ventanilla del mismo. Una vez… y otra… e incluso una tercera, pero nada.



-Eres una gafe -fué todo lo que pudo decir ella antes de tomar asiento justo encima de la maleta mientras analizaba con curiosidad el coche frente al cual se encontraban las dos. Desde luego tenía toda la pinta de ser un coche realmente caro, y con los cristales tintados casi parecía ser de la mafia… o de la yakuza coreana esa rara… Y es que ella había visto tantos doramas de secuestros, gafadas varias de las protagonistas, y otras escenas… que todo lo que se imaginaba de lo que estaba ocurriendo era a peor.



Después de diez minutos de reloj al fin vieron aparecer dos figuras desde la lejanía, dos figuras desfiguradas por el calor, como si fueran un espejismo de los del oeste. Uno de ellos era más alto que el otro, pero ambos eran delgados. Al poco llegaron justamente frente a ellas.



El más alto de ellos, con un gorro en la cabeza de alas altas que le protegía del sol y gafas oscuras, se las quedó mirando por un momento. Llevaba algo en la mano, lo que parecía un refresco.



—Joder, ya era hora. —dijo en coreano, para después pensárselo mejor. Su cara de concentración durante unos segundos fue digno de ver y Dara arqueó las cejas por un momento al tiempo que se incorporaba. —Noa y Dara, ¿no? —preguntó en inglés para después seguir. —Nos vamos.



Y sin más, considerando que claramente había explicado que se tenían que meter en el coche, el más alto de ellos, cubierto parcialmente con el sombrero, se acercó al asiento del copiloto para abrir la puerta sin más. Dara cruzó su mirada con la de Noa y suspiró mientras se acercaba a la zona de atrás.



—Genial, qué simpático. —susurró en español la chica de pelo corto y miró a Noa. —Esto va mejorando por momentos, ¿eh?.



Pero Noa no se quedó contenta con aquello. Por unos instantes no había podido dejar de observar las extrañas pintas que llevaba aquel joven larguirucho y delgado, pero después toda su atención había centrado en el otro chico que venía con ellas. Era más bajo (por lo que sabía, bajo sobre todo para tratarse de un coreano). Llevaba el pelo un poco largo y teñido de rubio en la parte delantera de la cabeza. Vestía… normal, con una camisa de manga larga aunque fina, de rayas negras y moradas. No dijo nada, pero por el parecido supo enseguida que se trataba de algún pariente de DongHwa.



Sin embargo el comportamiento de aquel primer hombre fue lo que más le llamó la atención y es que su paciencia había llegado a su límite desde hacía ya un tiempo. Con toda la tranquilidad del mundo y sin responder a lo que aquel desconocido había dicho, se aproximo a él arrebatandole la bebida fría que llevaba en la mano.




-En mi país es de mala educación hacer esperar a la gente, también es de mala educación hablar mal a la gente -Dejó escapar al fín en un casi perfecto coreano- te lo digo para que luego no me eches en cara lo que voy a hacer.



Con un rápido movimiento de muñeca Noa dejó que el vaso se precipitara hacia el frente derramando todo el líquido en la cara de aquel joven, y por ende también en la ropa y el gorro que llevaba. Internamente Noa sonrió, siempre había querido hacer algo así y aquel cretino le había dado la excusa perfecta.



Por unos segundos nadie dijo nada. De reojo la joven podía ver perfectamente al compañero del mismo que parecía serio, pero que con el paso de los segundos siguientes comenzó a reír alegremente.



—¡Pero qué demonios…! —la cara del hombre era todo un poema. Estaba claro que no se esperaba aquella reacción. Ni siquiera fue consciente de que ella le habló en coreano, solo que lo había entendido. —¿A qué ha venido esto? —se miró de arriba abajo y entrecerró los ojos de esa manera que solo él podía hacer una vez que se había quitado las gafas de sol. De esa manera que provocaba más de un escalofrío en los que le conocían. —¿Pero tú sabes lo que vale esto?  —preguntó mientra se sacudía el refresco de la ropa que estaba empapada… y pegajosa. —Maldita sea.



Dara intentó contenerse la risa, de verdad que lo intentó, pero de repente una carcajada estalló lo que sirvió que el chico la mirara con cara de “quieres morir” claramente reflejada en la cara. Eso sólo provocó una nueva reacción: que la chica soltará otra carcajada y mirara hacia Noa con los ojos claros chisporroteando.



—Siempre has querido hacer eso, ¿verdad?



-No se cuanto cuesta eso ni me importa. Por mucho dinero que tengas para comprar cosas caras, está clarísimo que no lo tienes para comprarte decencia, respeto ni buenos modales.



Y dicho esto la mujer entró al coche,en la parte de atrás, sentándose tranquilamente a la espera de que esa gente la llevara donde la tenía que llevar,como si fueran sus chofers. No volvió a mirar la cara de aquel hombre.



-Heechul, tranquilo, somos nosotros los que hemos llegado tarde -contestó el otro chico que también intentaba contener las carcajadas desacostumbrado como estaba a que nadie le plantara cara a su compañero de aquel modo, lo cual ya daba unos cuantos puntos a aquella chiquilla. Al menos ya sabía porque su hermano se reía tanto con ella.



-Pues si, siempre quise hacer eso -le dijo a su amiga en esta ocasión en castellano.- Y esta ajhumma me lo ha puesto a huevo.



Dara consiguió meter las maletas en el coche entre risas mientras que Heechul respiró hondo intentando tranquilizarse hasta que una palabra apareció de repente en su cerebro con un significado claro entre todo el maremagnum de palabras que no entendía. Prácticamente echó hacia un lado a la morena de pelo corto que estaba en la puerta dispuesta a entrar para sentarse y miró a la misma que le había lanzado el refresco por encima.



—¿Ajhumma? ¿quién es una ajhumma? —preguntó frunciendo el ceño. Y después voló su mirada hacia la de su compañero y amigo. —Ya sé que se lo prometiste a tu hermano, pero me niego a llevar a este par de locas a donde quiera que las tengas que llevar. —miró a la chica de nuevo. —Fuera… del… coche… ya. —ordenó marcando cada una de las palabras.

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