Capítulo 2.1- Una mudanza accidentada

Después de las “emociones” del primer día todo era realmente diferente ahora. Con el paso de dos noches en las que habían podido dormir perfectamente y dos días en los que habían podido darse perfecta cuenta de que el piso que Dongwha les había buscado era perfecto para las dos, tocaba a hacer la mudanza.



El piso se encontraba justo en el centro de la ciudad. Contaba con una sala grande que hacía las veces de salón y zona de recreo, con tres habitaciones (dos de ellas más grandes y una más pequeña que habían decidido utilizar como despacho/biblioteca) un baño también bastante grande, un vestidor y una cocina.En realidad era notablemente más grande que el piso en el que vivían en Madrid pero la renta que les pedían por él era realmente baja.



También para ahorrar dinero habían encontrado un modo de mandar sus muebles de Madrid hasta Seoul, al igual que el resto de sus cosas, lo cual salía realmente más barato que comprar todo de nuevo allí. El día anterior habían llevado todos los muebles más pesados (los sofás y las camas, que en realidad eran los únicos que necesitaban) y,por ser estos de estilo occidental, la casa terminaba siendo una mezcla entre las dos culturas que sin embargo quedaba realmente armoniosa.



El siguiente paso que tendrían que dar en la mudanza era el subir todas las cajas que los responsables de la misma habían dejado en el vestíbulo inferior del edificio. En realidad, todo era bastante fácil teniendo en cuenta que el ascensor era tan amplio como rápido, y en cuestión de apenas media hora Noa, quien se estaba ocupado de esto mientras Dara ordenaba las cosas en la casa, había terminado con casi todo.



Ahora solo quedaba una caja que contenía libros y algún que otro cuadro que colgar para decorar las habitaciones. Era una caja no demasiado grande, pero si bastante pesada por todo cuanto contenía.Sin embargo no era eso lo peor de aquella situación sino que, cuando Noa se aproximo hasta la puerta del ascensor, las luces de los botones del mismo dejaban claro que alguien se había dejado la puerta abierta.



-Me parece que nada me va a salir bien en este país…. -dejó escapar ella  mientras recostaba la espalda contra la pared y alzaba una de las rodillas para usarla de soporte para la caja.



Pasaron quizás un total de diez minutos o un cuarto de hora mientras que ella esperaba el ascensor hasta que finalmente se dio cuenta de que tendría que subir andando, lo cual no era una tarea agradable teniendo en cuenta que vivían casi a la mitad de aquel edificio. Sin embargo no quedaba otra opción y estaba realmente cansada de esperar queriendo solo tumbarse un rato en la cama o el sofá para descansar.



Con un nuevo suspiro de resignación comenzó a subir las escaleras. El calor en esa época era realmente duro de soportar y aunque aquellos pisos tenían aire acondicionado, este no terminaba con todo el calor del exterior. Fue por eso que la mujer comenzó a sentirse mareada según avanzaba escaleras arriba, porque además de todo aquello ella no había probado bocado en todo el día.



Fue este mareo el culpable de que,justamente al hacer la curva que se formaba en las escaleras justo después del descansillo,el pie pisara de mala manera, retorciéndose, y haciendo que ella se precipitara hacia atrás. El contenido de la caja quedó esparcido por todo ese tramo de escalera pero sin embargo la joven no llegó a chocarse, algo se había interpuesto entre ella y el suelo.



Se trataba de unos brazos musculosos, cálidos y suaves que pertenecían a un hombre joven y apuesto,muy apuesto… tanto que cuando Noa alzó la mirada no pudo apartar los ojos del rostro de él y, cuando lo hizo, la sangre había abandonado cualquier parte de su cuerpo centrándose en su cara y haciéndola sonrojar por completo.



-Debería tener más cuidado y buscar a alguien que le ayudara con estas cosas, una mujer no debería ocuparse de cosas tan pesadas- dijo el desconocido con una voz profunda, aterciopelada y amable al mismo tiempo.



Seguramente de tratarse de otro hombre ella habría puesto el grito en el cielo con eso de que las mujeres eran menos que los hombres para cargar cosas, pero en ese caso intuía que las palabras que acababa de escuchar venían dadas por la verdadera preocupación y por una caballerosidad que era difícil de encontrar, al menos en España.



Quizás el silencio se debía en gran parte a que aquel extraño hombre que las había ido a recoger al aeropuerto tenía razón y no tenía mucha experiencia con los hombres, y menos con hombres como aquel. Era alto, fuerte (de hecho la levantaba en vilo sujetándola de la espalda y la zona trasera de las rodillas como si no pesara nada) guapo…y sobre todo muy amable. Su cuerpo era cálido, su elegante camisa blanca que combinaba con los pantalones y zapatos negros olía a limpio…. Y el… Bueno, no sabía si se trataba de su colonia o de su olor natural, pero lo cierto era que olía mejor que nadie a quien hubiera conocido antes.

-Bueno,acabo de mudarme y…aún no conozco a demasiada gente.Es una suerte que estubiera usted aquí si no… Dios sabe lo que hubiera podido ocurrirme.

El hombre sonrió misteriosamente sin que ella supiera por qué (¿Quién podía imaginarse que era por la referencia a Dios que acababa de hacer ella?)y la dejó cuidadosamente en el suelo. Ella se mordió el labio inferior intentando contener un gesto de dolor cuando su pie tocó el suelo, pues un latigazo le recorrió toda la pierna desde el tobillo. Quizás para disimular, optó por agacharse en el suelo y comenzar a recoger todo lo que había allí.

-Deje que la ayude.



Ella alzó la mirada hacia el hombre.Aquello sí que no se lo esperaba.

-No,no se preocupe, lo que menos querría ahora es molestarle.



“No es ninguna molestia” fué lo único que contestó el hombre mientras se agachaba a ayudarla a recoger metiéndolo todo en la caja. Noa no hacía más que dar las gracias porque esa caja precisamente no contenía nada demasiado personal. Sin embargo si había algo que parecía haber llamado la atención del hombre.



-¿Qué pone aquí? -preguntó señalando un marco en el que ella tenía escrito en español una de sus citas preferidas, que había escuchado por primera vez de pequeña y que de un modo u otro la había acompañado durante toda su vida.



El marco no era muy grande, pero si antiguo, de madera pintada de blanco dejando ver sin embargo la veta de la misma. El papel sin embargo era de un color azul muy claro y las letras estaban escritas en un tono dorado, con una caligrafía clásica. Noa sonrió delicadamente.



-El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;no hace nada indebido, no busca lo suyo… -comenzó a recitar ella.



-…. no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará -contínuo el sin dejarla terminar.



-Corintios, 13:4-8 -Contestó ella sonriendo al darse cuenta de que el hombre conocía tan bien esas palabras- mi madre solía decírmelas antes de dormir, cuando fui mayor me regaló esto para que nunca las olvidara.



Los finos dedos de Noa acariciaron el cristal y, por primera vez desde que preparaban el viaje y estaban allí, se dio cuenta de cuánto extrañaría a su madre, de que cuando quisiera su apoyo, quizás solo un abrazo, la tendría al otro lado del mundo. La joven se obligó a sonreirle.



-Son palabras muy hermosas y tienen razón, su madre debe ser una mujer realmente sabia si quiere que las tengas presentes.



Ella no agregó nada, tenía un nudo en la garganta que aferraba también las palabras que querían salir de su boca.



Sin embargo la sensación no tardó demasiado en desaparecer cuando, por haber olvidado el incidente que había ocurrido hacía tan solo unos minutos,ella se puso en pie sin poder contener en esta ocasión un quejido de dolor. El hombre la miró con preocupación sujetándola primero de los brazos con el ceño fruncido.



-No puede caminar asi,suba.

-¿Que suba…?



Noa no entendía nada,pero todo lo quedó claro cuando aquel hombre, que parecía casi caído del cielo, se giró y agachó frente a ella para que se subiera a su espalda como había visto una y mil veces en los doramas que tanto le gustaban. En esa ocasión dio las gracias de que el hombre no se diera cuenta del sonrojo de su rostro, que era aún más grande que el anterior.



-No por favor…no se moleste… puedo esperar un poco,y además…las cosas… y quedan aún cuatro pisos que subir -intentó decir ella buscando una excusa para librarse de eso, pues a diferencia de las protagonistas de las series, ella no tenía el desparpajo que ellas para ese tipo de situaciones.



-No diga tonterías, volveré luego a por sus cosas, ahora necesita descansar.



Y así sin más la acalló nuevamente.Su madre siempre la habia dicho que había que aceptar los regalos y los favores siempre que estubieran hechos con buena intención, pues esas personas solo intentaban hacer el bien, y que no aceptarlo sería simplemente hacer lo contrario.



Las manos de ella se adelantaron casi temblorosas hasta la espalda de él, la cual se mostraba fuerte a juzgar por cómo se notaban los músculos bajo la fina tela de la camisa. Se posaron en su cuello,rodeandolo, y después fue él mismo quien se ocupó de alzarla sujetándola de las piernas. Noa se sorprendió al darse cuenta de que aquello era mucho más cómodo de lo que había pensado.



-Por cierto, mi nombre es Siwon.



Noa salió de su ensimismamiento para atender a lo que el joven,que ya había empezando su escalada escaleras arriba como si el llevarla no le molestara lo más mínimo,le decía.

-Yo me llamo Noa, es un placer,y nuevamente gracias.



La cabeza de Noa se inclinó casi sin que ella se diera cuenta hasta posarse en la espalda de él. Apenas le estaba rozando y siquiera sabía si él podría sentirlo, pues en esa posición lo difícil era tener la cabeza completamente erguida. Sin embargo ella notaba perfectamente los movimientos de su espalda al sostenerla, el calor que desprendía su piel y sobre todo su olor…ese olor. Sabía que dentro de unos minutos, cuando llegaran a su casa, no volvería a olerlo,pero en realidad era algo que no creía poder olvidar nunca.



-¿De verdad que no tiene nada que hacer? No quiero importunarle…-volvió a decir ella para romper el silencio que reinaba en ese momento.



El chico pareció meditar durante unos instantes antes de responderla.

-Si,tengo cosas que hacer, pero hay cosas que deben de ser prioridad delante de otras. Si nadie ayuda a nadie este mundo no puede ir más que a peor.



Por fin habían llegado a su destino. Siwon volvió a agacharse para que ella pudiera bajar sin demasiado problema y la joven sacó de un bolsillo la tarjeta que hacía las veces de llave en aquel lugar, empujó la puerta dejando ver el interior del apartamento que,aun sin terminar de decorar ni ordenar,era realmente agradable.



Dara debía haber bajado a comprar porque no se encontraba allí en ese momento. Quizás el maldito ascensor había vuelto a funcionar cuando ellos estaban subiendo por las escaleras,pero en realidad poco importaba ya. De fondo habían puesto una lista de reproducción de bandas sonoras que hacía el ambiente aún más agradable.



-Bueno…le resultará estúpido que se lo pregunte,pero al ser de fuera… me pregunto si estaría mal que le invitara a algo de beber…



Ella preguntaba aquello porque sabía que en Corea no estaba del todo bien visto que una mujer y un hombre pasaran tiempo juntos y solos en la misma casa, sobre todo si se daba la circunstancia de que acababan de conocerse. Por encima de todo ella no quería que el hombre pensara que estaba intentando algo con él, pero en realidad no encontraba forma de agradecerle todo lo que había hecho por ella.



-No me negaré a una Coca Cola bien fresca cuando vuelva de subir su caja.



Ella sonrió y asintió.Por suerte la Coca Cola era una de las pocas cosas que tenían para beber en la casa en ese momento, porque a ella le gustaba mucho. Después de hacer una ligera inclinación de cabeza el hombre desapareció por la puerta dejando esta ligeramente entornada para poder volver a entrar después. Ella avanzó a la cocina cogiendo de ella la lata del refresco, un vaso, y también cubitos de hielo en un pequeño recipiente por si el gustaba de ellos, y dejó todo en la mesa del salón.



Noa no podía dejar de pensar en todo lo que le había ocurrido desde que llegaran a Corea. En el aeropuerto habían conocido a dos personas totalmente distintas.El hermano de Luffy,que era lo más adorable que ella había conocido jamás,y el tal Heechul, del que lo máximo que podía decir es que tenía ganas de estamparle una sartén en la cara, a pesar que en el fondo le parecía una persona realmente divertida. Y después estaba Siwon al que muchas mujeres hubieran definido como el hombre perfecto.



Y así en unos días había tenido más relaciones con los hombres de las que había tenido durante meses en España. Quizás de haber sido otro país les hubiera pedido el teléfono para poder volver a verlos,pero  no lo haría allí. A los dos primeros quizás volvieran a verlos (después de todo uno era el hermano de su mejor amigo) pero a Siwon…seguro que no.




Lo que la llevó a preguntarse qué estaría haciendo él en aquel edificio. ¿Acaso tenía que visitar a alguien? ¿familia? ¿algo de negocios? Pero tampoco se lo preguntaría, después de todo bastante había hecho por ella como para que encima ahora esta metiera las narices donde no la llamaban.



No tardó demasiado el joven en volver con la caja y dentro de ella todas las cosas que se habían esparcido por las escaleras. Las dejó a un lado y se aproximó a ella tomando asiento en el sofá, dejando una distancia considerable entre ambos. Ella le sirvió la coca cola, pero Siwon desechó los hielos por el momento.



-No vive sola…¿Verdad? -preguntó señalando la maleta de Dara que estaba junto a la puerta- cuando su compañera regrese debería comprarte un parche para el dolor en una farmacia y ponerla una toalla caliente en el tobillo, y si persiste el dolor debería ir al médico.



Nuevamente Noa no pudo evitar sonreír nuevamente tapándose la boca con cuidado, un gesto que,como tantos otros, se le había pegado después de ver tantos doramas y el comportamiento de la gente allí. Era curioso recibir tanta preocupación y cuidados de alguien que no conocía.



-Seguiré sus recomendaciones como si fuera mi médico -contestó finalmente.



Ahora le tocó el turno a el de sonreir, apartando la mirada.Desde luego era una sonrisa dulce y cálida, acompañada por el intenso brillo de sus ojos negros, una sonrisa de verdad y no forzada. Miró el reloj unos segundos y después terminó la coca cola de un trago y se puso en pie haciendo una nueva inclinación como despedida.



-Así lo espero. Ha sido un placer conocerla pero ahora debo irme, tengo asuntos de los que ocuparme, quizás la próxima vez tengamos más tiempo.



Y sin darle a tiempo a ella a decir nada salió del piso, dejándola completamente sorprendida con esa última respuesta. ¿Sería sólo una forma de hablar o es que de verdad pensaba volver a pasarse por allí?




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